25.7.06
VORAZ EN AGOSTO.

Las editoriales siempre tienen algo petulante, similar a un acta de principios o a un manifiesto doctrinario. En los últimos meses me he negado a escribir esta página más por un asunto de pudor que por dejadez intelectual, es un espacio tentador para el discurso grandilocuente y la pirueta conceptual que permita justificar la existencia de la critica cinematográfica en algo más que el puro dilentatismo.
Voraz se alegra en esta tardía editorial por diversos motivos, el más importante es el creciente éxito de Oscar Cárdenas – director de Voraz- y su opera prima “Rabia” en diversos festivales internacionales, ahora se esta preparando para desembarcar en Locarno y luego en San Sebastián.
Que más se puede pedir de una revista de crítica que ha nacido al interior de una escuela de cine con la clara intención de desplazar la escritura de las aulas periodísticas y vincularla al trabajo de sus alumnos y académicos.
Por otra parte hemos comenzado un nuevo ciclo de cine con el cine alameda, en esta ocasión vinculado al creciente furor que cada día más personas sienten por el cine oriental. Esperamos poder continuar trabajando en esa dirección y crear formas más estables de difusión de las más diversas filmografías mundiales.
Ahora que se inicia la temporada de festivales es cuando esperamos poder desarrollar nuestro contacto con ustedes de la mejor manera posible: el Festival de Valdivia y por sobre todo SANFIC con su muestra internacional y ahora con su recién estrenada sección de “Talento Nacional” nos impondrá un creciente ritmo de trabajo, tanto en el área de críticas y comentarios, como en la posibilidad de conseguir invitados para nuestro programa radial.
La critica, género literario que nace como producto bastardo del ensayo, en su calidad de opinión fundada en la subjetividad y capacidad literaria de su autor, prospera solo en la medida que permite desarrollar un circuito de libertad individual no limitada por los excesos doctrinales ni las tiranías enciclopedistas.
A fin de cuentas la crítica no es más que la posibilidad de escribir de aquello que nos produce placer sin fracasar en el intento de construirlo por nuestros propios medios. Es posible realizar ambos movimientos a la vez y la gente de Voraz pretende lograrlo.
Nos vemos en los festivales.
Miguel Angel Vidaurre.
Editor de revista Voraz.
16.4.06
ABRIL VORAZ.

UN NUEVO AÑO VORAZ.
Todos hemos regresado y Voraz esta nuevamente en marcha y en expansión. Parece que este año comienza con noticias auspiciosas para nuestra incipiente revista, desde este mes de marzo Voraz extiende sus fauces a la radio y estrena su programa en la radio de la Universidad de Chile, todos los sábados a las 20 horas (102.5), la idea es desarrollar un espacio en donde se pueda debatir y conversar sobre cine desde el cine. Ya hemos invitado a Jorge Olguín, Sebastián Campos e Ignacio Aliaga y por supuesto a gente de nuestra casa como a Carlos Flores y a Oscar Cárdenas, director de Voraz y ahora flamante director de su opera prima “Rabia” (buscar información en Rabia.cl) que se presento ante público por primera vez en la sección Cine en Construcción del reciente Festival de Toulouse, en donde fueron premiados Matias Bize y Sebastián Campos.
Este es un punto central de nuestra política interna de trabajo, el echo que todos los que colaboran en Voraz están involucrados de una u otra manera con la realización cinematográfica nos permite tener una perspectiva menos abstracta del proceso creativo y por lo tanto un acercamiento critico que por una parte tienda menos a esa cierta tendencia a conformar cultos autorales que prolifera desde ciertas posturas afrancesadas y por parte intentar esquivar el entusiasmo popular y sucumbir al carnaval de apariciones, festivales y preestrenos que suele acompañar al espectáculo cinematográfico, el cual no es ni tan artístico como algunos desearían que fuera ni tan frívolo como otros aseguran que es, instalado en un vértice entre espectáculo y arte la realización cinematográfica es un buen negocio con vocación artística.
Durante este mes no solo consolidaremos Voraz como revista y programa radial si no que además exploraremos la posibilidad de desarrollar ciclos de cine en la sala “El Living” del cine Alameda como una forma de ampliar el circuito de filmes que existen en el mercado y que no se estrenan comercialmente en nuestro país.
MIGUEL ANGEL VIDAURRE.
EDITOR REVISTA VORAZ.
5.2.06
FEBRERO VORAZ.

LA OFICINA VORAZ CIERRA SUS PUERTAS.
Después de largos meses de trabajo, el equipo de Voraz se marcha de vacaciones llevándose como siempre tarea para la casa.
Dispersos por los sitios más anómalos del planeta, nuestro equipo se mantiene trabajando para encontrar la manera más atractiva de comenzar este año 2006.
Algunas ideas ya están en marcha, como por ejemplo, una nueva transformación de nuestra imagen que estará disponible desde los primeros días de marzo – nuestro director bucea arduamente al interior del ciberespacio para intentar neutralizar a nuestro hacker personal que nos ha hecho la vida imposible últimamente- también tendremos novedades en otro formato, pues Voraz saldrá al aire a través de la radio Universidad de Chile, auspiciada por la Escuela de Cine de Chile, y aún hay otras sorpresas, como el ciclo de cine Voraz que se está organizando junto al cine arte Alameda.
Como pueden ver Voraz no descansa. Por ahora guardaremos un ensimismado silencio, nos proveeremos de material para las diversas secciones y nos enterraremos bajo la arena de cualquier playa que nos acoja. Aprovecharemos de leer aquellos libros que se han amontonado durante al año e intentaremos no acercarnos a un cine durante un par de semanas, al menos hasta los últimos días de Febrero cuando se estrenara “A History of Violence", lo último de David Cronenberg.
Adiós cinéfilos, donde quiera que estén.
Miguel Angel Vidaurre.
Editor revista Voraz.
12.1.06
ENERO VORAZ

VACACIONES AL LOBULO FRONTAL.
Finalmente algo parecido a las vacaciones, tiempo de recuentos para muchos, mas no para Voraz, que es un organismo establecido bajo los códigos aristocráticos del ocio y la vida frívola.
Es en estas fechas en donde el crítico profesional (aberración de la especialización de la escritura y los diversos proyectos vinculados a la comunicación) se apresta a desgarrar vestiduras por los estrenos no exhibidos durante el año, o a levantar elogiosas loas apologéticas a los filmes menos considerados, incomprendidos o simplemente tediosos, que el equipo Voraz – una suerte de familia disfuncional constituida por diversos integrantes de la Escuela de Cine de Chile – se retira a sus cuarteles de verano para dejar en reposo su lóbulo frontal y afrontar los tiempos con la lucidez del ocioso.
Como nadie se debería ganar la vida como crítico de cine sino más bien solo considerarlo un divertimento comparable al tomar un buen vino, Voraz no dejará de renovar sus páginas con esa falta de entusiasmo que nos caracteriza, pues finalmente no somos más que un grupo de escépticos entusiastas que comparten las ideas de cierto filósofo que escribió :
“SI CREEMOS TAN INGENUAMENTE EN LAS IDEAS ES PORQUE OLVIDAMOS QUE HAN SIDO CONCEBIDAS POR MAMIFEROS”.
Todos nos vamos. Cerramos la oficina y continuamos trabajando desde el tedio de las playas de Bahía. Propongo vacaciones a nuestro desesperado intento por iluminar las extraviadas percepciones de nuestros lectores y que nos dediquemos a escribir desde nuestros pequeños amores, posiblemente egoístas y estúpidos, pero al menos, intentaremos escapar a ese silencioso resentimiento que corroe a cualquiera que escribe sobre la obra de un desconocido prójimo. Pues el problema no es la crítica sino la soberbia que contiene, ese olvido de ser un simple ejercicio literario, un artefacto sofista y no un texto hermenéutico de una instancia sagrada a iluminar para un grupo de profanos.
Seamos realistas, un filme es poco más que un buen espectáculo con vocación artística, y es justamente eso lo que nos fascina y desvela, pues al escribir sobre aquellos filmes, indagamos sobre nuestra profunda superficialidad. Nada es tan profundo como la superficie y pocas cosas son tan inciertas como la piel.
MIGUEL ANGEL VIDAURRE.
EDITOR VORAZ.
23.12.05
EDITORIAL DICIEMBRE.

DICIEMBRE VORAZ.
No tenemos ningún balance sobre las producciones de este año, las causas son variopintas y pueden desplazarse desde la atrayente somnolencia de la abulia a la aceptación resignada de la incompetencia. No elegiremos ninguna como preponderante en nuestra decisión, pero a su vez es posible argumentar una variante que puede sonar a simple justificación: con toda sinceridad desde hace ya un tiempo hemos dejado de percibir la temporalidad de los filmes que comentamos.
No es la asistencia a los cine lo que marca la pauta de nuestra mirada cinematográfica y mucho menos la posterior egotica necesidad de explayar nuestra experiencia en algún texto de dudosa calidad en la mayoría de los casos, sino la posibilidad de acceder a un sinnúmero de filmes por las vías más diversas y en algunos casos menos legales que existen. En esta medida la apreciación cronológica del cine parece sufrir una suerte de imposibilidad perceptual por parte de un nuevo tipo de espectador –engendro privado generado desde la noción comunitaria y debatiente del cineclub al espectador privado y elaborador de textos en línea – no es la familiaridad incomoda y eclesial de la mesa redonda sino el ejercicio nomádico del soliloquio lo que parece acomodarse a nuestra mirada dispersa y levemente frívola.
Es desde esta falta de atalaya crítica – no poseemos grandes contextos teóricos ni marcos referenciales – estamos más cerca del lúdico método anarquista de Feyeraben que de el exceso de confianza de los muchachos de Cahiers du Cinema, que nos instalamos semana a semana intentando no ser devorados por nuestros pequeños egos o nuestros poco agradables resentimientos, e intentamos acceder a ustedes nuestros lectores desde una perspectiva no necesariamente amable pero si apasionada por los temas tratados.
Ahora no me queda más que despedirme y agradecer en nombre de nuestro equipo su permanente lectura de nuestra revista, esperando que este año 2006 que se nos viene encima este repleto de nuevas aventuras para nuestra mirada y una que otra actividad que nos complacerá compartir con ustedes.
MIGUEL ANGEL VIDAURRE.
EDITOR REVISTA VORAZ.
20.12.05
EDITORIAL NOVIEMBRE

La presencia de Raúl Ruiz en Chile y especialmente su distendida charla matutina en la Escuela de Cine de Chile, al igual que el posterior almuerzo en el cual estuvimos involucrados, solo nos confirmo una serie de ideas que desde hace un tiempo pululaban por el aire de nuestra oficina. La primera y más obvia tiene que ver con el propio Ruiz y la construcción de una sistemática poética de un cine que apela a todas las posibilidades técnicas que estén a su disposición. El director chileno más cotizado en el extranjero, el más prolífico resulta ser claramente el más talentoso de todos. No existe en estos momentos en nuestro país ningún autor – el concepto se encarna en Ruiz de manera precisa- que sea capaz de asimilar tal cantidad y calidad de trabajo y al mismo tiempo mantener una voluntad de experimentación en su obra que lo ubica sin problemas al interior de la contemporaneidad cinematográfica. La distancia de su cine -no tanto como un modelo a seguir, sino más bien como una actitud seriamente lúdica ante la creación fílmica- enfrentado a nuestros incipientes proyectos es inmensa y por lo tanto tolerable egóticamente y estimulante en términos intelectuales.
El cine no es un arte, tampoco una industria, sino una artesanía placentera sobredimensionada. Ruiz rescata esa línea oculta tras el exceso sofocante de la academia de estudios cinematográficos y bajo el espesor mecánico y grandilocuente del cine como burocracia económicamente productiva. Al apostar por la creación desde el ejercicio intelectual, la manía del coleccionista, el borgeanismo atiborrado de maneras posibles para la construcción de sus cajitas con sorpresa, ha sido responsable de rescatar un cine en donde la manera de construcción es el gran tema, donde las trampas visuales, la retórica especular, los ejercicios cabalísticos y los chistes de doble sentido conforman una gran maquinaria productora de perplejidad y fascinación por la superficie.
Ruiz nos dio una lección como revista de cine – una lección oculta y obliterada por una historia china, una lección lateral a la vanidad crítica disimulada en una anécdota herética- llevándonos a resituar un quehacer que no alcanza a ser un oficio sino más bien un juego de niños introvertidos. La crítica de cine no es otra cosa que pura escritura, textos enmascarados que simulan indagar una obra ajena, pero que una y otra vez intentan recobrar la voz de su productor. Textos reluctantes que se niegan a operar solo comunicativamente, que reculan ante el tratamiento críptico del escritor que teme ceder a su propia pasión escritural. Apuntes que solo provocan otros apuntes, y en el mejor de los casos otros filmes. La crítica (se hace necesario la extinción de este odioso concepto) es texto resentido o deviene en prolongación de la obra. Se construye en base a la imposibilidad rencorosa de su autor por realizar su propia obra o se instala como un proceso amplificador y cocreador de esta. Todo texto opera sobre un filme de alguna medida, con algún nivel y con diversa intensidad.
Frente al crítico iluminista – el Pepe grillo de la enajenación cinematográfica – opto por el ensayista quinico, revertido de humor, capaz de disolver el peso intelectual de un filme en una risotada contagiosa. Enfrentado al autor de metalenguajes y conjurador de jergas impronunciables emplazo al estudioso esteta de frivolidad comprobada en donde todo pensamiento es una muestra de ingenio.
MIGUEL ANGEL VIDAURRE
Bienvenida
Bienvenidos a la Editorial de la Revista de Cine VORAZ